Luisa Pérez de Zambrana

La melancolía

Yo soy la virgen que en el bosque vaga

al reflejo doliente, de la luna,

callada y melancólica, como una

poética visión.

Yo soy la virgen que en el rostro lleva

la sombra de un pesar indefinible;

yo soy la virgen pálida y sensible

que siempre amó el dolor.

 

Yo soy la que en un tronco solitario,

reclino, triste, la cansada frente,

y dejo sosegada y libremente

mis lágrimas rodar.

Soy la que de un lucero, al brillo puro,

con las manos cruzadas sobre el seno,

me paro a contemplar del mar sereno

la triste majestad.

 

Yo soy el ángel que contempla ínmóvil

en el cristal del lago, su quebranto,

y en el agua, las gotas de su llanto

móvil onda formar.

Yo soy la aparición blanca y etérea

que a la montaña silenciosa sube,

y allí, bajo las alas de una nube,

se sienta a sollozar.

 

Yo soy la celestial “Melancolía”,

que llevo siempre en mis facciones bellas

de las tibias y cándidas estrellas

la dulce palidez.

Y que anhelo sentada en los sepulcros,

sentír, al suave rayo de la luna,

las perlas de la noche, una por una,

en mi frente caer.

 

Y doblando mi rostro de azucena,

en un desmayo blando y halagüeño,

cerrar los ojos al eterno sueño,

tranquila y sin pesar.

Y apoyada en un árbol la cabeza,

a su sombra sentada, blanca y fría,

que me encuentren sonriendo todavía,

mas ya sin respirar.