Anonyme

Piedra

Hay una piedra

en el centro del pecho

los días sin noticias.

 

No es dolor exactamente.

Es más densa que el dolor.

El dolor al menos se mueve,

tiene un principio y un final.

 

La piedra se queda.

Se instala con sus maletas.

Desayuna contigo.

Va contigo al trabajo.

 

No pesa mucho.

No es que no puedas moverte.

Es que cada movimiento

tiene un poco más de esfuerzo.

 

Esos días hablo poco.

No por tristeza.

Es que la piedra ocupa

el espacio de las palabras.

 

Es espera.

Que a veces es la misma cosa

que la angustia

con otros zapatos.

 

La espera de algo que no viene.

De un mensaje.

De una señal.

De que el día cambie de tono.

 

Pero la piedra enseña también.

Enseña a estar quieto.

A no inventarse noticias.

A dejar que el tiempo pase

 

sin ayudarlo con el miedo.

La piedra dice: aquí estoy.

Y yo digo: ya lo veo.

Y los dos esperamos juntos

 

hasta que llega algo.

O hasta que aprendemos

que podemos vivir

con una piedra en el pecho

 

sin que eso nos defina.

Sin que eso sea todo.