Anonyme
El agua no recuerda
las piedras que tocó.
Pasa sobre ellas,
las rodea con calma,
les da la forma que el tiempo
les irá dando de todos modos.
Y sigue.
Sin mirar atrás.
Sin preguntarse por el camino
que ya no existe.
Yo sí recuerdo.
Recuerdo la piedra redonda
del río de mi infancia,
lisa como una respuesta
a una pregunta que no hice.
Recuerdo la orilla de barro
donde nos sentábamos.
El olor del agua en agosto.
Los patos que no nos tenían miedo.
Recuerdo tu mano en el agua.
Cómo la movías despacio,
como si quisieras entender
de qué estaba hecha.
El río cambió después.
Lo canalizaron.
Pusieron cemento.
Pusieron señales.
Ahora es otro río.
O quizás ya no es un río.
Es un canal con nombre de río
y la memoria de lo que fue.
Pero la piedra sigue ahí,
supongo.
En el fondo,
con su forma redonda.
Y el agua la roza cada día
sin recordarla.
Y yo la recuerdo
sin poder tocarla.
Cada uno con su manera
de relacionarse con el tiempo.
El agua y yo.
Distintos métodos, mismo río.