Luis de Góngora
Sonetos
Si ociosa no asistió naturaleza,
admirada, a la tuya, ¡oh gran Señora!,
concepción limpia, donde ciega ignora
lo que muda admiró de tu pureza.
Díganlo, ¡oh Virgen!, la mayor belleza
del día cuya luz tu manto dora,
la que calza nocturna brilladora,
los que ciñen carbunclos tu cabeza.
Pura la Iglesia ya, pura te llama
la escuela, y todo pío afecto sabio
cultas en tu favor da plumas bellas.
¿Qué mucho, pues, si aun hoy sellado el labio,
si la naturaleza aun hoy te aclama
Virgen pura, si el Sol, Luna y estrellas...?