Rosalía de Castro
A mi madre
IV
Ya toda luz se oscureció en el cielo,
Cubrieronse de luto las estrellas,
Y de luto tambien se cubrió el suelo,
Entre risas, gemidos y querellas.
Todo en profunda noche adormecido,
Solo el rumor del huracan se siente
Y se parece su áspero silbido
Al silbido feroz de una serpiente.
¡Cuán tenebrosa noche se prepara!...
Mas al abrigo de amoroso techo,
Grato es pensar que la hórrida tormenta
No ha de agitar la colcha de mi lecho.