Ramón María del Valle-Inclán

Rosa de Oriente

Tiene al andar la gracia del felino,

es toda llena de profundos ecos,

enlabia con moriscos embelecos

su boca obscura cuentos de Aladino.

 

Los ojos negros, cálidos, astutos,

triste de ciencia antigua la sonrisa,

y la falda de flores una brisa

de índicos y sagrados institutos.

 

 

Cortó su mano en un jardín de Oriente

la manzana del árbol prohibido,

y enroscada a sus senos, la Serpiente

decora la lujuria de un sentido

sagrado. En la tiniebla transparente

de sus ojos, la luz es un silbido.