José Eustasio Rivera

Prólogo

Tierra de promisión

Soy un grávido río, y a la luz meridiana

ruedo bajo los ámbitos reflejando el paisaje;

y en el hondo murmullo de mi audaz oleaje

se oye la voz solemne de la selva lejana.

 

Flota el sol entre el nimbo de mi espuma liviana;

y peinando en los vientos el sonoro plumaje,

en las tardes un águila triunfadora y salvaje

vuela sobre mis tumbos encendidos en grana.

 

Turbio de pesadumbre y anchuroso y profundo,

al pasar ante el monte que en las nubes descuella

con mi trueno espumante sus contornos inundo;

 

y después, remansado bajo plácidas frondas,

purifico mis aguas esperando una estrella

que vendrá de los cielos a bogar en mis ondas.