María Eugenia Vaz Ferreira
La otra isla de los cánticos
Quiero morir en los ritmos
de un excelsior wagneriano,
entre inefables preludios
ecos de sublimes cánticos
gloriosas polifonías
y clamoreos fantásticos.
Quiero arrojarme en sus ondas
como a un profundo océano,
de cauces desconocidos
y de misteriosos antros;
que me recoja en su seno
que me estreche entre sus brazos
donde resuenen las voces
y los ecos sobrehumanos
de cósmicas sinfonías
en arrulladores salmos.
Regios himnos de triunfo
y ulular de gritos trágicos
quiero internarme en sus piélagos,
perderme en su fondo arcano,
girar en sus remolinos,
batirme en sus arrebatos,
volar impetuosamente
sobre sus corceles raudos,
enajenarme en sus éxtasis,
serenarme en sus desmayos,
que me besen sus cadencias,
que me sacudan sus látigos,
y los trémulos redobles
de sus tambores metálicos;
que me arrastren sus corrientes
en vértigo de entusiasmo
hasta que mi fibra toda
tendida en cordaje magno
estalle bajo las fuerzas
maravillosas, del canto;
y después ir poco a poco
subiendo como los náufragos
hacia la alta superficie
donde me quede flotando,
y las espumantes olas
con sus plumeros gallardos,
como los erguidos picos
de un túmulo funerario
levanten sobre mi cuerpo
sus armoniosos penachos.