Mercedes Marín del Solar

A la muerte de don Diego Portales.

Triunfáis al fin i la aflijida patria

Tornó de su angustioso parasismo

Para sentir empero mil dolores

En el aciago triunfo. Al tiempo mismo

Que besa agradecida los laureles

Que el Jeneral valiente

Le consagra con llanto, un ¡ai! doliente

Se escapa de su seno, penetrado

De una inmensa aflicción. Un eco triste

Repite por do quier: «¡murió Portales!»

I todo es miedo, indignación i susto,

I todo anuncio de futuros males. . . .

 

No hai himno de victoria

En este infausto clia, ni otra gloria

Que llorar ijemir.—El pueblo en tanto

Avanza a recibir el don funesto

De la negra traición.—La fiel matrona

Sorprendida, aterrada

Su morada, sus hijos abandona

I se muestra también: vertiendo llanto,

En medio de las calles, las doncellas

Están de sí olvidadas. Los infantes

Fijan los ojos en sus madres tristes

I enmudecen de espanto;

I el decrépito anciano

Que ver tanto horrores no esperaba,

I en dulce paz tranquilo se gozaba,

Se enjuga el lloro con la débil mano.