Mercedes Marín del Solar

A Manuel Rodríguez, en la inauguración de su monumento

La gloria i el pesar hoi se dividen

El corazón i el alma del patriota

I vibra el aire una doliente nota,

Eco eternal de inestinguible amor.

Rodríguez inmortal, los nobles hijos

De aquellos que salvaste con tu arrojo

Hoi visitan tu mísero despojo

I lágrimas te ofrecen de dolor.

 

Un dia lanzó Chile hondo jemido

Que resonó en tu pecho jeneroso

I de Maipo en el campo polvoroso

El casco resonó de tu corcel.

Muerte fué tu divisa. La victoria,

Mirándote amorosa i condolida,

Trocar no pudo el signo de tu vida

I te ciñó fatídico laurel.

 

Despareciste. . . ¡O Dios! pasión traidora

Te dio muerte alevosa i simulada. . .

En silencio por tí la Patria amada

No cesó largos años de jemir.

¡O memoria de duelo i de amargura!

¡Mengua que no redime inútil lloro!

¡O de cuánta virtud rico tesoro

Arrebatado en flor al porvenir!

 

Caiga el sombrío velo del olvido

Sobre este cuadro de dolor jirofundo,

I tiemble el héroe, aunque le admire el mundo,

Si un crimen ha manchado su blasón....

Mas tú, Rodríguez, vive glorioso,

Que en este suelo donde mártir fuiste

A tu alto nombre, a tu recuerdo triste

Un santuario ha erijido el corazón.