Pedro Salinas

Tú no puedes quererme

Tú no puedes quererme:

estás alta, ¡qué arriba!

Y para consolarme

me envías sombras, copias

retratos, simulacros,

todos tan parecidos

como si fueses tú.

Entre figuraciones

vivo, de ti, sin ti.

 

Me quieren,

me acompañan. Nos vamos

por los claustros del agua,

por los hielos flotantes,

por las pampas, o a cines

minúsculos y hondos.

Siempre hablando de ti.

Me dicen:

“No somos ella, pero

¡si tú vieras qué iguales!”

Tus espectros, que brazos

largos, que labios duros

tienen: si, como tú.

 

Por fingir que me quieres,

me abrazan y me besan.

Sus voces tiernas dicen

que tú abrazas, que tú

besas así. Yo vivo

de sombras, entre sombras

de carne tibia, bella,

con tus ojos, tu cuerpo,

tus besos, si, con todo

lo tuyo menos tú.

Con criaturas falsas,

divinas, interpuestas

para que ese gran beso

que no podemos darnos

me lo den, se lo dé.