Ramón López Velarde

Ella

Esta novia del alma con quien soñé en un día

fundar el paraíso de una casa risueña

y echar, pescando amores, en el mar de la vida

mis redes, a la usanza de la edad evangélica,

 

es blanca como la hostia de la primera misa

que en una azul mañana miró decir la tierra,

luce negros los ojos, la túnica sombría

y en un ungir las heridas las manos beneméritas.

 

Dormir en paz se puede sobre sus castos senos

de nieves, que beatos se hinchan como frutas

en la heredad de Cristo, celeste jardinero;

 

tiene propiedades hondas y los labios de azúcar

y por su grave porte se asemeja al excelso

retrato de la Virgen pintado por San Lucas.