Carolina Coronado

El amor constante

¡Ay abuela! este cariño

a que osáis vos llamar sueño,

ha nacido con mi lira,

ha crecido con mi cuerpo...

seis veces del sol en torno

fue girando el globo nuestro:

pasan soles, mueren lunas,

vienen Mayos, van inviernos

y tan fijo y tan constante

mi amor vive que sospecho

que ha de morir con mi vida,

si no es como el alma eterno.

Y ¿aun juzgáis que sueño? ¡ay triste!

Pues decid ¿cuándo despierto,

a la vejez o en la muerte

en la tumba o en el cielo?

Sabed, vos, que para siempre

enamorado mi pecho

aunque dijera que olvido

es que me engaño o que miento.

Ardiente, hermoso, inmutable

sólo un sol nos muestra el cielo,

si en él otros astros lucen

es con pálidos reflejos.

Señora, mi amor se eclipsa,

se oculta, mas no le pierdo

y su rayo más me abrasa

cuando le juzgo más lejos.

Bien hicierais en prestarme

vuestros helados inviernos

que mejor me aprovecharan

los años que los consejos;

trocara mis negros rizos

por vuestros albos cabellos,

por vuestro rostro surcado

mi cutis rosado y terso.

Mas; pues esto no es posible

ni logramos entendernos,

gozad vuestra paz despierta

mientras sufro yo en mis sueños.