Mercedes Marín del Solar

A la misma

Guarda de tu beldad el aliciente,

Para el mortal feliz a quien adoras;

Guárdale las virtudes que atesoras

I en su ausencia suspira tiernamente.

 

Por la vuelta feliz ruego ferviente

Eleva al Ser Supremo a todas horas,

Mientras con ilusiones seductoras

Una llama alimentas inocente.

 

Mas esa voz sonora, que en el cielo

Pudiera solo hallar dulzura tanta,

Suelta vibrante i pura sin recelo.

 

A la fiel amistad, Mercedes, canta,

Ya que Dios, para darnos el consuelo,

Puso raudal sonoro a tu garganta.