Pedro Salinas

¡Que se apaguen las lumbres!

¡Que se apaguen las lumbres,

que se paren los labios,

que las voces no digan

ya más: «Te quiero» ¡Que

un gran silencio reine,

una quietud redonda,

y se evite el desastre

que unos labios buscándose

traerían a esta suma

de aciertos que es la tierra!

Que apenas la mirada,

lo que hay más inocente

en el cuerpo del hombre,

se quede conservándole

al amor su futuro,

en esa leve estrella

que los ojos albergan

y que por ser tan pura

no puede romper nada.

 

Tan débil está el mundo

-cendales o cristales-que

hay que moverse en él

como en las ilusiones,

donde un amor se puede

morir si hacemos ruido.

Sólo

una trémula espera,

un respirar secreto,

una fe sin señales,

van a poder salvar

hoy,

la gran fragilidad

de este mundo.

 

Y la nuestra.