Mercedes Marín del Solar
Mas ¿qué infernal instigación ofusca
La mente del traidor? Los beneficios
Que con tan larga mano le prodigas
Nó desarman la suya? La brillante
Carrera que le ofreces a la gloria,
A la estima, al poder, a los honores,
Cual sendero de flores,
¿Nú halaga su ambición? ¿Ni aquella noble
Magnánima, segura confianza
Con que le libras tu preciosa vida,
Un solo sentimiento
De lealtad a despertar alcanza?
Tú, cual él grande Macedón, la copa
Apuras sin recelo,
No ya de saludable medicina,
Sino de activo i pérfido veneno.
Mas ¡ai! no era posible que en el cieno
De la maldad un ser dejenerado
Por tan viles instintos
De ambición i bajeza,
Percibiese el exceso de grandeza
Que encierra un proceder tan delicado.
¿Cómo ¡oh Dios! el prestijio poderoso
De la victima ilustre, el crudo golpe
No vedó al asesino, como al Cimbrio
La faz aterradora del Romano?
La sacrilega mano
Quedar debiera al punto yerta i fría,
Al suelo descendiendo el hierro insano;
Pero no vio la luz del claro dia
Esta escena de horror; tiniebla oscura
Sirvió de velo al crimen espantoso;
Nada en torno se vía: en el silencio,