Mercedes Marín del Solar

A la muerte de don Diego Portales.

Mas ¿qué infernal instigación ofusca

La mente del traidor? Los beneficios

Que con tan larga mano le prodigas

Nó desarman la suya? La brillante

Carrera que le ofreces a la gloria,

A la estima, al poder, a los honores,

Cual sendero de flores,

¿Nú halaga su ambición? ¿Ni aquella noble

Magnánima, segura confianza

Con que le libras tu preciosa vida,

Un solo sentimiento

De lealtad a despertar alcanza?

Tú, cual él grande Macedón, la copa

Apuras sin recelo,

No ya de saludable medicina,

Sino de activo i pérfido veneno.

Mas ¡ai! no era posible que en el cieno

De la maldad un ser dejenerado

Por tan viles instintos

De ambición i bajeza,

Percibiese el exceso de grandeza

Que encierra un proceder tan delicado.

 

¿Cómo ¡oh Dios! el prestijio poderoso

De la victima ilustre, el crudo golpe

No vedó al asesino, como al Cimbrio

La faz aterradora del Romano?

La sacrilega mano

Quedar debiera al punto yerta i fría,

Al suelo descendiendo el hierro insano;

Pero no vio la luz del claro dia

Esta escena de horror; tiniebla oscura

Sirvió de velo al crimen espantoso;

Nada en torno se vía: en el silencio,