Rosalía de Castro

Mi tierra

En sueños te di un beso, vida mía,

tan entrañable y largo...

¡Ay!, pero en él de amargo

tanto, mi bien, como de dulce había.

 

Tu infantil boca cada vez más fría,

dejó mi sangre para siempre helada,

y sobre tu semblante reclinada,

besándote, sentí que me moría.

 

Más tarde, y ya despierta,

con singular empeño,

pensando proseguí que estaba muerta

y que en tanto a tus restos abrazada

dormía para siempre el postrer sueño

soñaba tristemente que vivía

aún de ti, por la muerte separada.