Agustina Andrade González

Después del triunfo

A eso llaman triunfar: palmas y gritos,

algunos ramos de venal laurel,

y después... ¡el silencio y el olvido!

¿Y después? ¡Oh, qué horrible es el después!

 

Abrir el corazón, verter sin tasa

el perfume y la miel;

arrostrar la mirada indiferente

de las turbas sin fe!

 

Todo eso, ¿para qué? ¡Para que algunos,

con grosera avidez,

le claven los anteojos a la autora

y la aplaudan después!

 

¡Si eso es triunfar, la gloria es el martirio,

la gloria es la embriaguez!

¡Vale más la sonrisa de mi madre

que el más rico laurel!