Amado Nervo

Son los sueños que pasan...

Los jardines interiores

El tercer sueño

 

Y llega un sueño rosa -¡oh paraíso!-

y siento no se qué dulces resabios:

es el beso primer que de improviso

le dejé a una muchacha que me quiso,

cierta noche de abril, entre los labios.

 

 

El cuarto sueño

 

¡Y luego un sueño púrpura! Ni el cielo

tan vivo luce cuando el sol navega...

¡Le conozco muy bien!: ¡el primer celo!

Mas si ya no sé odiar, ¡si ya el Otelo

murió en mi corazón!

¡qué tarde llega!

 

 

 

Y por fin vienes tú, con el sedeño

pelo arropas mi frente atormentada

y al oído me dices: pobre dueño,

lo mejor de mi ser es ser un sueño,

un copito de luz, un eco, nada...

 

Y suspiras: «¡Adiós!» y en el tranquilo

azul donde cada astro es como un broche

de trémulo cristal, hallas asilo,

mientras surge el menguante y con su filo

guillotina la testa de la noche...