Miguel Hernández

3 - Guiando un tribunal de tiburones

El rayo que no cesa

Guiando un tribunal de tiburones,

como con dos guadañas eclipsadas,

con dos cejas tiznadas y cortadas

de tiznar y cortar los corazones,

 

en el mío has entrado, y en él pones

una red de raíces irritadas,

que avariciosamente acaparadas

tiene en su territorio sus pasiones.

 

Sal de mi corazón, del que me has hecho

un girasol sumiso y amarillo

al dictamen solar que tu ojo envía:

 

un terrón para siempre insatisfecho,

un pez embotellado y un martillo

harto de golpear en la herrería.