José Asunción Silva

Rien du tout

Cuando murió Margarita

en brazos de Armando Duval,

la contemplaste, pobrecita,

con una amargura mortal.

 

¿Qué sentiste? ¿Su horrible cuita

o la lucha del Bien y el Mal?

No era nada: una fiestecita

en el Teatro Municipal.

 

Y lloraste, y te conmoviste

y estabas tan pálida y triste

como pocas se ven aquí;

 

Y yo exclamé: ¡qué cosas raras!...

Mejor fuera que tú lloraras

no por Margarita... por ti.