Delmira Agustini
El libro blanco
Entré temblando a la gruta
Misteriosa cuya puerta
Cubre una mampara hirsuta
De cardos y de cicuta,
Crucé temblando la incierta
Sombra de una galería
En que acechar parecía
La guadaña de la muerte.
-El Miedo erguido blandía
Como un triunfo mi alma fuerte-.
Un roce de terciopelo
Siento en el rostro, en la mano.
-Arañas tendiendo un velo
¡A cada paso en el suelo
Siento que aplasto un gusano!
A una vaga luz de plata,
En cámara misteriosa,
Mi fiera boca escarlata
Besó la olímpica nata
Del albo pie de la diosa!
-Brillante como una estrella,
La diosa nubla su rara
Faz enigmática y bella,
Con densa gasa: sin ella
Dicen que el verla cegara-.
Ebrio de ensueños, del hada,
-Es hada y diosa- y la helada
Luz de su mística estancia,
Alzo mi copa labrada
Y digo trémulo: Escancia!
Con sus dedos sibilinos
Como un enigma que inspira
En cien vasos opalinos
Escancióme raros vinos
A la sombra de una lira...
Un verde licor violento
Tras cuyos almos delirios
Acecha un diablo sangriento;
Otro color pensamiento
Con sueños a luz de cirios...
Y nobles zumos añejos
Con la fuerza de lo puro,
Vinos nuevos con reflejos
Imprevistos y los dejos
De un sumo néctar futuro.
Y gusté todos los vinos
De la maga, todos finos
Y -¡oh Dios!- de distintos modos,
Todos deliciosos, bellos!...
-Poned un poco de todos!