Amado Nervo

VI

Perlas negras

Rindióme al fin el batallar contino

de la vida social: en la contienda,

envidiaba la dicha del beduino

que mora en libertad bajo su tienda.

Huí del mundo a mi dolor extraño,

llevaba el corazón triste y enfermo,

y busqué, como Pablo el Ermitaño,

la inalterable soledad del yermo.

Allí moro, allí canto, de la vista

del hombre huyendo, para el goce muerto,

y bien puedo decir con el Bautista:

¡Soy la voz del que clama en el desierto!