César Vallejo

Poema XLI

Trilce

La Muerte de rodillas mana

su sangre blanca que no es sangre.

Se huele a garantía.

Pero ya me quiero reír.

 

Murmúrase algo por allí. Callan.

Alguien silba valor de lado,

y hasta se contaría en par

veintitrés costillas que se echan de menos

entre sí, a ambos costados; se contaría

en par también, toda la fila

de trapecios escoltas.

 

En tanto; el redoblante policial

(otra vez me quiero reír)

se desquita y nos tunde a palos,

dale y dale,

de membrana a membrana,

tas

con

tas.