Carolina Coronado

Los Cantos de Safo

Como el aura suavísima resbala

de placer en placer fácil mi vida:

entre el amor y gloria dividida,

¿cuál es la dicha que a mi dicha iguala?

 

Al lado de Faón, su amor cantando;

con la luz de sus ojos fascinada;

dicha inmensa es de Safo bienhadada

perder sus horas en deliquio blando.

 

Dicha inmensa es de Safo venturosa

que su amante en el aire que respira

beba el acento de la tierna lira,

que tan sólo por él suena amorosa.

 

¡Cómo a mis ojos inefable llanto

gota por gota el corazón destila,

si un instante su faz dulce y tranquila

brilla gozosa al escuchar mi canto!...

 

¡Si de su boca en lisonjero arrulle

la voz desciende a celebrar mi lira,

y hálito vago que su labio expira

mis sienes cerca entre el falaz murmullo!

 

Siento, Faón, tu delicado aliento

bullir entorno de la frente mía,

y en deliciosos tonos de armonía

herirme el corazón tus voces siento.

 

El corazón sus golpes precipita

al eco de tu voz apasionada:

a un suspiro, a un acento, a una mirada

como el seno de tórtola se agita.

 

No temo entonces que por bella alguna

perjuro olvides tu feliz cantora,

ni atractiva beldad venga en mal hora

a destrozar mi plácida fortuna.

 

¿Y quién la flor de la ventura mía

osará marchitar con mano aleve?

¿Quién a usurpar tu corazón se atreve

y a reinar donde Safo reinó un día?

 

¡Ah! no soy bella: su preciosa mano

en mi rostro los Dioses no imprimieron;

más al alma benignos concedieron

de los genios el numen soberano.

 

Y cítara en mis manos peregrina

las hermanas de Febo colocaron,

y de entusiasmo el corazón llenaron

de amor ardiente e inspiración divina.

 

Goza de triunfos la beldad un día,

que el porvenir destruye rigoroso;

cuando el genio entre aplausos victorioso

de la inmortalidad al templo guía.

 

Lecho de tierra y silencioso olvido

solo del mundo la hermosura alcanza:

el estrecho sepulcro a do se lanza,

los rayos borrará de haber nacido.

 

Cual sueño pasará, si el genio alzando

la poderosa voz no la eterniza,

su cantar que a los siglos se desliza

vida preciosa a sus cenizas dando.

 

Yo también cantaré: también mis voces,

tierna Faón, tu nombre repitiendo,

con tu amor y mi amor sobreviviendo,

al porvenir sin fin irán veloces.

 

Yo a esa Grecia opulenta, sabia y justa

arrancaré un aplauso duradero,

una corona como el grande Homero

a mis sienes tal vez ceñiré augusta.

 

Y mírala ¡oh Faón! y tu sonrisa

premie el esfuerzo de tu Safo amada,

más plácida a su ser que en la alborada

place a las flores la naciente brisa.