Carolina Coronado

Bendito, seas Alberto

Aunque serena y callada

a tus suspiros me veas,

no indiferente me creas;

es que el alma enamorada

diciendo está embelesada

Alberto, bendito seas.

 

Si a responderte no acierto

cuando me vienes hablando,

¿piensas que tu voz no advierto?

pues es que estoy murmurando

con un acento muy blando

bendito seas, Alberto.

 

Alberto, ¿qué más deseas

de quien tanto vive amando?

yo te ruego que me creas,

que aunque callada me veas

estoy entre mí cantando

Alberto, bendito seas.

 

Muda estoy, fáltame vida;

queda el espíritu muerto,

la mente desvanecida;

pero esta voz repetida

forma en el alma concierto:

¡Bendito seas, Alberto!

 

Elvas, 1845