Rubén Darío
Abrojos
Joven, acérquese acá:─
¿Estima usted su pellejo?
Pues escúcheme un consejo
que me lo agradecerá.
Arroje esa timidez
al cajón de ropa sucia,
y por un poco de argucia
dé usted toda su honradez.
Salude á cualquier pelmazo
de valer, y al saludar,
acostúmbrese a doblar
con frecuencia el espinazo.
Diga usted sin ton ni són
y mil veces, si es preciso,
al feo que es un Narciso,
u al zopenco, un Salomón;
que le que tenga el juicio leso
ó sea mal encarado,
téngalo usted de contado
que no se enoja por eso.
Al torpe déjela hablar,
sus torpezas disimule,
y adule, adule y adule
sin cansarse de adular.
Como algo no le acomode,
chitón, y tragar saliva;
y en el pantano en el viva,
arrástrese, aunque se enlode.
Y con que befe al que baje,
y con que al que suba inciense,
el día en que menos piense
será usted un personaje.