Carolina Coronado

El Salto de Léucades

El sol a la mitad de su carrera

rueda entre rojas nubes escondido;

contra las rocas la oleada fiera

rompe el Leucadio mar embravecido.

 

Safo aparece en la escarpada orilla,

triste corona funeral ciñendo:

fuego en sus ojos sobrehumano brilla,

el asombroso espacio audaz midiendo.

 

Los brazos tiende, en lúgubre gemido

misteriosas palabras murmurando;

y el cuerpo de las rocas desprendido

“Faón” dice, a los aires entregando.

 

Giró un punto en el éter vacilante;

luego en las aguas se desploma y hunde:

el eco entre las olas fluctuante

el sonido tristísimo difunde.