Federico García Lorca

Canción primaveral

Libro de poemas

II

 

Voy camino de la tarde

Entre flores de la huerta

Dejando sobre el camino

El agua de mi tristeza.

En el monte solitario

Un cementerio de aldea

Parece un campo sembrado

Con granos de calaveras.

Y han florecido cipreses

Como gigantes cabezas

Que con órbitas vacías

Y verdosas cabelleras

Pensativos y dolientes

El horizonte contemplan.

 

¡Abril divino, que vienes

Cargado de sol y esencias,

Llena con nidos de oro

Las floridas calaveras!