Rubén Darío

VI

Abrojos

Puso el poeta en sus versos

todas las perlas del mar,

todo el oro de las minas,

todo el marfil oriental;

los diamantes de Golconda,

los tesoros de Bagdad,

los joyeles y preseas

de los cofres de un Nabad.

Pero como no tenía

por hacer versos ni un pan,

al acabar de escribirlos

murió de necesidad.