Anonyme
Hay un hombre que leo cada jueves en el metro,
siempre el mismo vagón, siempre el libro abierto,
nunca he visto la portada, nunca el título,
sólo sus ojos moviéndose en silencio.
Lleva un abrigo marrón desde octubre hasta marzo,
una bufanda que alguien tejió con cuidado,
y el libro, siempre el libro, como un lazo
que lo ata a otro mundo no nombrado.
Me pregunto qué lee. Me pregunto si sabe
que hay alguien que lo mira leer sin verlo,
que existe para mí como una llave
de algo que no sé todavía cómo abrirlo.
Los jueves bajo en Callao y él sigue,
tres paradas más, supongo, hacia algún norte.
La ciudad nos separa como sigue
separando todo lo que no tiene corte.
Pero durante once minutos compartimos
algo que no tiene nombre todavía,
el mismo aire, el movimiento, y fuimos
dos lectores en una misma vía.
Quizás leer es eso: estar en otro lado
y sin embargo aquí, en el mismo carro,
presente y ausente, solo y acompañado,
viajando hacia un lugar que no está en el mapa.