Delmira Agustini

Mi musa triste

El libro blanco

Vagos preludios. En la noche espléndida

Su voz de perlas una fuente calla,

Cuelgan las brisas sus celestes pífanos

En el follaje. Las cabezas pardas

De los búhos acechan.

Las flores se abren más, como asombradas

Los cisnes de marfil tienden los cuellos

En las lagunas pálidas.

Selene mira del azul. Las frondas

Tiemblan... y todo! hasta el silencio, calla...

Es que ella pasa con su boca triste

Y el gran misterio de sus ojos de ámbar,

A través de la noche, hacia el olvido,

Como una estrella fugitiva y blanca.

Como una destronada reina exótica

De bellos gestos y palabras raras.

Horizontes violados sus ojeras.

Dentro, sus ojos -dos estrellas de ámbarSe abren cansados y húmedos y tristes

Como llagas de luz que se quejaran.

Es un dolor que vive y que no espera,

Es una aurora gris que se levanta

Del gran lecho de sombras de la noche,

Cansada ya, sin esplendor, sin ansias

Y sus canciones son como hadas tristes

Alhajadas de lágrimas...

Las cuerdas de las liras

Son fibras de las almas-.

Sangre de amargas viñas, nobles viñas,

En vasos regios de belleza, escancia

A manos de marfil, labios tallados

Como blasones de una estirpe magna.

Príncipes raros del Ensueño! Ellos

Han visto erguida su cabeza lánguida.

Y la oyeron reír, porque a sus ojos

Vibra y se expande en flor de aristocracias.

Y su alma limpia como el fuego alumbra,

Como una estrella en sus pupilas de ámbar;

Mas basta una mirada, un roce apenas,

El eco acaso de una voz profana,

Y el alma blanca y limpia se concentra

Como una flor de luz que se cerrara!