José Eustasio Rivera
Tierra de promisión
Embravecida, por la gris barranca
donde albos nimbos el vapor condensa,
relampagueando entre la noche inmensa
hunde su hervor la torrentera blanca.
Abierto en flecos su caudal arranca,
y en el profundo vértice suspensa,
alza un iris flotante de la densa
hondura, que los rápidos estanca.
Espumante, sus globos bramadores
avienta en las rompientes de granito;
bate el monte con hórridos temblores,
y al estallar su tromba de centellas,
en el cielo, azoradas por el grito,
palidecen, insomnes, las estrellas.