Amado Nervo

¿Quién es Damiana?

Los jardines interiores

My name is might have been [...]

 

Dante Gabriel Rosseti

 

 

La mujer que en mi lozana

juventud pudo haber sido

-si Dios hubiera querido-

mía,

en el paisaje interior

de un paraíso de amor

y poesía;

la que prócer o aldeana

«mi aldeana» o «mi princesa»

se hubiera llamado, esa

es, en mi libro, Damiana.

 

La hija risueña y santa,

gemela de serafines,

libélula en mis jardines

quizás y en mi feudo infanta;

la que

pudo dar al alma fe,

vigor al esfuerzo, tino

al obrar, ¡la que no vino

por mucho que la llamé!

La que aún mi frente besa

desde una estrella lejana,

esa

es en mi libro Damiana.

 

Y aquella que me miró,

no sé en qué patria querida

tras mirarme pasó

(desto hace más de una vida);

y al mirarme parecía

que me decía:

-«Si pudiera detenerme

te amara»... la que esto al verme

con los ojos repetía;

la que, sentado a la mesa

del festín real, con vana

inquietud aguardo, esa

es en mi libro Damiana;

 

La que con noble pergeño,

suele flüida vagar

como un fantasma lunar

por la zona de mi ensueño;

la que fulge en los ocasos,

que son nobleza del día,

la que en la melancolía

de mi alcoba finge pasos,

la que, puesto a la ventana,

con un afán que no cesa

aguardo hace un siglo,

esa es en mi libro Damiana.

 

Todo lo noble y hermoso

que no fue;

todo lo bello y amable

que no vino;

y lo vago y misterioso

que pensé

y lo puro y lo inefable

y lo divino;

 

El enigma siempre claro en la mañana

y el enigma por las tardes inexpreso;

amor, sueños, ideal, esencia arcana,

todo eso, todo eso, todo eso,

tiene un nombre en estas páginas: ¡Damiana!