María Eugenia Vaz Ferreira

Hacia la noche

La isla de los cánticos

Oh noche, yo tendría

una palma futura, desplegada

sobre el gran desierto,

si tú me das por una sola noche

tu corazón de terciopelo negro,

y yo, al compás de su morena sangre,

canto con las ondas beatas el sacro silencio.

 

Mi canto será vivo

sólo por el deseo

de serenar la cuotidiana angustia...

 

Oh noche, yo te quiero

sin el fulgor de luminosos astros,

sin marinos clamores

y sin la voz que finge

en los cráneos sonoros el rumor de los vientos.

 

Oh dulce noche mía, oh dulce noche!

Aunque el glorioso pájaro del alba.

rompa después mi lapidario ensueño,

un polvo de inquietud arda en mis ojos,

y me seas de nuevo

sólo una palma antigua, replegada

sobre el gran desierto.