Carolina Coronado

Se ha deshecho el alma mía

Brillaba el sol aquel día

con luz clara, pura, hermosa;

yo no sé qué presentía,

pero estaba el alma mía

agitada y recelosa.

 

Antes de ver la tormenta

el Alción la pronostica:

así una emoción violenta

que se siente y no se explica

a veces nos amedrenta.

 

¡Tempestad!... y recia que era

la que aguardaba a mi vida,

cuando por la vez primera

tu mirada placentera

vino a anunciar su venida.

 

“Alma noble, dije al verte,

”corazón osado y fuerte

”en amor y odio extremado,

”has de ser muy estimado

”de la que llegue a quererte.”

 

Harto bien lo presagiaba,

¡mas, por Dios, no sospechaba

aquella que lo decía

que la idólatra sería

del corazón que juzgaba!

 

¿Por qué tu mirada era

tan dulce? ¿Por qué tu ruego

quisiste una vez que oyera?...

Con una chispa de fuego

se enciende una inmensa hoguera.

 

Dice alguno en su porfía

que es mi alma dura roca;

mas, por la Virgen María,

que a un acento de tu boca

se ha deshecho el alma mía.