Delmira Agustini
El libro blanco
Un campo muy vasto de ensueño y milagro.
Las tierras labradas soñando simiente
Y súbito un hombre de olímpica frente
Que emperla los surcos de ardientes rubíes
-¿Qué siembras? -le digo- ¿delira tu mente?
-Mi sangre que es lumbre... ¡mi sangre! -contestaVerás algún día la mágica fiesta
De luz de mis campos; si quieres, hoy, ríe!
-¿Reír? eso nunca ¡respeto lo ignoto!
Me apiada la angustia grabada en tu cara
La angustia que implica tu siembra, tan rara!
-Verás algún día mis campos en flor!
Hoy mira mi herida -mostróme su pecho
Y en él una boca sangrienta- hoy repara
En mí la congoja de un cuerpo deshecho;
Mañana a tus ojos seré como un dios!
-Tal vez, tal vez... dije- ¡Seguro, seguro!
Selene hoy esboza su rostro de cera,
Tres veces que nazca, tres veces que muera
Y vuelve a mis campos tu brillo de aurora!
Pasaron tres lunas, tres lunas de plata,
-Tres lunas de hierro! soñaba en mi espera.
Del hombre que hiciera la siembra escarlata
Marché hacia la extraña magnífica flora
-Hay hondas visiones, visiones que hielan,
Visiones que amargan por toda una vida!
La luz anunciada, la luz bendecida
Llenando los campos en forma de flor!
Y... en medio... un cadáver... crispadas las manos
-Murieron ahondando la trágica heridaY en todo una nube de extraños gusanos
Babeando rastreros el sacro fulgor!