Francisco de Quevedo

A un bostezo de Floris. Madrigal

Bostezó Floris, y su mano hermosa,

Cortésmente tirana y religiosa,

Tres cruces de sus dedos celestiales

Engastó en perlas y cerró en corales,

Crucificando en labios carmesíes,

O en puertas de rubíes,

Sus dedos de jazmín y casta rosa.

 

 

Yo, que alumbradas de sus vivas luces

Sobre claveles rojos vi tres Cruces,

Hurtar quise el engaste de una de ellas,

Por ver si mi delito o mi fortuna,

Por mal o buen Ladrón, me diera una;

Y fuera buen Ladrón, robando Estrellas.

 

 

Mas no pudiendo hurtarlas,

Y mereciendo apenas adorarlas,

Divino Humilladero

De toda libertad, dije, «Yo muero,

Si no en Cruces, por ellas, donde veo

Morir virgen y mártir mi deseo».