María Eugenia Vaz Ferreira

Elegía crepuscular

La isla de los cánticos

Viento suave del crepúsculo,

viento de las leves alas,

azulmente silenciosas

y azulmente solitarias,

anónimo pasajero

fugaz en todas las patrias,

en las misteriosas selvas

y en las grutas oceánicas,

viento suave del crepúsculo,

viento de las leves alas...

Tu roce sobre mi frente

tiene la misma eficacia

de la luna entre las ruinas,

de los óleos en las llagas

y de las claves que aflojan

el cordaje de las arpas...

Tu fresco soplo serena

la exaltación de mi alma

fosca de llamar sin nombre

y esperar sin esperanza

por haber nacido póstuma

dentro de su propia lápida...

Viento suave del crepúsculo

que cruzas sin decir nada

el transitorio paréntesis

suspenso en la sombra vaga,

cuando enmudecen las cosas

o todavía no cantan,

cuando de los rojos soles

palidecieron las flamas

y las nocturnas estrellas

están todavía pálidas...

Si yo supiera estar triste

yo me desharía en lágrimas

para que así me bebieran

las caricias de tus ráfagas

¡Qué lindo renunciamiento!

¡Qué liberación beata!

Viento suave del crepúsculo

si tus brisas me acabaran,

azulmente silenciosas

y azulmente solitarias,

viento suave del crepúsculo,

viento de las leves alas.