Sor Juana Inés de la Cruz
Redondillas
Escusándose de un silencio.
Pedirte, señora, quiero
De mi silencio perdon,
Si lo que ha sido atencion
Le hace parecer grosero.
Y no me podrás culpar
Si hasta aquí mi proceder,
Por ocuparse en querer,
Se ha olvidado de esplicar;
Que en mi amorosa pasion
No fué descuido ni mengua
Quitar el uso á la lengua
Por dárselo al corazon.
Ni de explicarme dejaba,
Que como la pasion mia
Acá en el alma te via,
Acá en el alma te hablaba;
Y en esta idea notable
Dichosamente vivia,
Porque en mi mano tenia
El fingirte favorable.
Con traza tan peregrina
Vivió mi esperanza vana,
Pues te pudo hacer humana
Concibiéndote divina.
¡Oh cuán loca llegué á verme
En tus dichosos amores!
Que aun fingidos tus favores
Pudieron enloquecerme.
¡Oh còmo en tu sol hermoso
Mi ardiente afecto encendido,
Por cebarse en lo lucido,
Olvidó lo peligroso!
Perdona si atrevimiento
Fué acercarme á tu ardor puro,
Que no hay sagrado seguro
De culpas de pensamiento.
De esta manera engañaba
La loca esperanza mia,
Y dentro de mí tenia
Todo el bien que deseaba.
Mas ya tu precepto grave
Rompe mi silencio mudo;
Que él solamente ser pudo
De mi respeto la llave.
Y aunque el amar tu belleza
Sea delito sin disculpa,
Castígueseme la culpa
Primero que la tibieza.
No quieras pues rigurosa,
Que estando ya declarada,
Sea devéras desdichada
Quien fué de burlas dichosa.
Si culpas mi desacato,
Culpa tambien tu licencia,
Que si es mala mi obediencia,
No fué justo tu mandato.
Y si es culpable mi intento,
Será mi afecto precito,
Porque es amarte un delito
De que nunca me arrepiento.
Esto en mis afectos hallo,
Y más que esplicar no sé;
Mas tú de lo que callé
Inferirás lo que callo.