Carolina Coronado

Último canto

Emilio, mi canto cesa;

falta a mi numen aliento.

Cuando aspira todo el viento

que circula en su fanal,

el insecto que aprisionas

en su cóncavo perece

si aire nuevo no aparece

bajo el cerrado cristal.

 

Celebré de mis campiñas

las flores que allí brotaron

y las aves que pasaron

y los arroyos que hallé,

mas de arroyos, flores y aves

fatigado el pensamiento

en mi prisión sin aliento

como el insecto quedé.

 

¿Y qué mucho cuando un hora

basta al pájaro de vuelo

para cruzar todo el cielo

que mi horizonte cubrió?;

¿qué mucho que necesite

ver otra tierra más bella

si no ha visto sino aquella

que de cuna le sirvió?

 

Agoté como la abeja

de estos campos los primores

y he menester nuevas flores

donde perfumes libar,

o, cual la abeja en su celda,

en mi mente la poesía

ni una gota de ambrosía

a la colmena ha de dar.

 

No anhela tierra el que ha visto

lo más bello que atesora,

ni la desea el que ignora

si hay otra tierra que ver:

mas de entrambos yo no tengo

la ignorancia ni la ciencia,

y del mundo la existencia

comprendo sin conocer.

 

Sé que entre cien maravillas

el más caudaloso río

gota leve de rocío

es en el seno del mar:

y que en nave, cual montaña,

que mi horizonte domina

logra la gente marina

por esa región cruzar.

 

Mas ¡por Dios! que fue conmigo

tan escasa la fortuna

que el pato de la laguna

vi por sola embarcación:

¿qué me importa el Océano

y cuantos ámbitos cierra?

¡Sólo para mí en la tierra

hay diez millas de creación!

 

Mar, ciudades, campos bellos

velados ¡ay! a mis ojos;

sólo escucho para enojos

vuestros nombres resonar.

Ni de Dios ni de los hombres

las magníficas hechuras

son para el ciego que a oscuras

la existencia ha de pasar.

 

Tal ansiedad me consume,

tal condición me quebranta,

roca inmóvil es mi planta,

águila rauda mi ser...

¡Muere el águila a la roca

por ambas alas sujeta;

mi espíritu de poeta

a mis plantas de mujer! —

 

Pues tras de nuevos perfumes

no puede volar mi mente

ni respirar otro ambiente

que el de este cielo natal;

no labra ya más panales

la abeja a quien falta prado,

perece el insecto ahogado

sin más aire en su fanal.