Julio Herrera y Reissig

Otoño

Los éxtasis de la montaña

La druídica pompa de la selva se cubre

de una gótica herrumbre de silencio y estragos;

y Cibeles esquiva su balsámica ubre,

con un hilo de lágrimas en los párpados vagos...

 

Sus cabellos de místico azafrán llora Octubre

en los lívidos ojos de muaré de los lagos.

Las cigüeñas exodan. Y los búhos aciagos

ululúan la mofa de un presagio insalubre...

 

Tras de la cabalgata de metal, las traíllas

ladran a las casacas rojas y a las hebillas...

El cuerno muge. Todo ríe de austera corte.

 

El abuelo Silencio trémulo se solaza...

Y zumba la leyenda ecuestre de la caza

en medio de un hierático crepúsculo del Norte.