Carolina Coronado

Temor del mundo

Alberto, si lloro o canto

siempre con voz dolorida,

no es que tenga de la vida

recuerdos el corazón;

 

Es que el dolor presintiendo

antes que el dolor le hiriera,

como en pena verdadera

he sufrido en la ilusión.

 

No vi la maldad del mundo,

ni vi los hombres perversos,

pero he llorado en mis versos

presintiendo su maldad,

como pobre gaviota

que espantada busca asilo

antes que en el mar tranquilo

resuene la tempestad.

 

Mar tranquilo de mi vida

mi juventud es ahora,

pero de esta mar sonora

las entrañas siento hervir:

tengo en mi mente mis alas,

voy cruzando ola tras ola,

pero en la mar española

temo mis alas hundir.

 

Temo al viento, a los nublados

antes de arribar al muro,

y temo al giro inseguro

de mi cobarde volar,

cual temen las gaviotas

en las saladas espumas

que pueda sus blancas plumas

el torrente salpicar.

 

Si estuviera yo en la gloria

en cuyo trono esplendente

dices que tan claramente

me contempla tu ilusión,

no llorara, y de mi lira

fueran los cantos risueños;

pero tú me ves en sueños

y los sueños sueños son.

 

No soy ángel, no soy santa,

y aunque a la virtud bendigo

no estoy en la gloria, amigo,

sobre el divino tisú;

mas, viviera agradecida

en el mundo que me encierra

¡ah! si todos en la tierra

fueran buenos como tú.

 

Badajoz, 1845