José Eustasio Rivera

XXVII - Cantadora sencilla de una gran pesadumbre

Tierra de promisión

Cantadora sencilla de una gran pesadumbre,

entre ocultos follajes, la paloma torcaz,

acongoja las selvas con su blanda quejumbre,

picoteando arrayanas y pepitas de agraz.

 

Arrurruúu... canta viendo la primera vislumbre;

y después, por las tardes, al reflejo fugaz,

en la copa del guáimaro que domina la cumbre

ve llenarse las lomas de silencio y de paz.

 

Entreabiertas las alas que la luz tornasola,

se entristece, la pobre, de encontrarse tan sola;

y esponjado el plumaje como leve capuz,

 

al impulso materno de sus tiernas entrañas,

amorosa se pone a arrullar las montañas...

y se duermen los montes... y se apaga la luz.