María Eugenia Vaz Ferreira
La otra isla de los cánticos
Antes amé la alegría
que dan las nubes de enero,
cuando embellecen el día
sombras que pasan ligero;
ligero como tas penas
que se van sin dejar rastros
como las auras serenas
y la lumbre de los astros.
Hoy adoro el sol de plata
el que las nieblas irisa,
cuando en las sombras desata
el rayo de su sonrisa,
y alegra con sus fulgores
el gris profundo y eterno
de los ausentes amores
y los opios del invierno.