Miguel Hernández

25 - Al derramar tu voz su mansedumbre

El rayo que no cesa

Al derramar tu voz su mansedumbre

de miel bocal, y al puro bamboleo,

en mis terrestres manos el deseo

sus rosas pone al fuego de costumbre.

 

Exasperado llego hasta la cumbre

de tu pecho de isla, y lo rodeo

de un ambicioso mar y un pataleo

de exasperados pétalos de lumbre.

 

Pero tú te defiendes con murallas

de mis alteraciones codiciosas

de sumergirse en tierras y océanos.

 

Por piedra pura, indiferente, callas:

callar de piedra, que otras y otras rosas

me pones y me pones en las manos.