José Asunción Silva

Enfermedades de la niñez

A una boca vendida,

a una infame boca,

cuando sintió el impulso que en la vida

a locuras supremas nos provoca,

dio el primer beso, hambriento de ternura

en los labios sin fuerza, sin frescura.

No fue como Romeo

al besar a Julieta:

el cuerpo que estrechó cuando el deseo

ardiente aguijoneó su carne inquieta

fue el cuerpo vil de vieja cortesana,

Juana incansable de la tropa humana.

Y el éxtasis divino

que soñó con delicia

lo dejó melancólico y mohíno

al terminar la lúbrica caricia.

Del amor no sintió la intensa magia

y consiguió... una buena blenorragia.