Carolina Coronado

A un amador

Buen joven, en hora aciaga

fijasteis en mí los ojos,

pues los fijasteis risueños

y los apartáis llorosos.

 

Mal os quieren los amores

cuando eligen en su encono

mi corazón para blanco

de vuestro empeño amoroso.

 

Y en verdad que son injustos

pues ni antes, de vuestro rostro

Ni después, he visto alguno

con perfiles más hermosos.

 

Inútil en vuestra cara

es el perfecto contorno

pues para ganar las almas

tenéis demás con los ojos.

 

Y, por el mismo Santiago

que en un alazán brioso

vuestro talle y apostura

dar pueden al santo en ojos.

 

Mas entre sí están los nuestros

corazones tan remotos,

que el uno al Sud, el otro al Norte,

fuego es uno, hielo el otro.

 

Juzgo no habéis de enojaros

por mi desdén caprichoso,

mancebo, si ves despacio

cuál pierde más de nosotros.

 

Vos de galán lográis fama

con vuestro afecto amoroso,

yo en no amaros gloria pierdo

y fama de esquiva logro.

 

Y si queda aquí humillado

alguno, es mi orgullo loco,

pues desdeñándoos se ofende

y se castiga a sí propio.

 

Por eso la compasión

que demandáis no os otorgo,

porque entre amarme y no amaros

mi error la merece solo.