Amado Nervo

XLIV

Perlas negras

Dedicada.

 

Ha mucho tiempo que te soñaba

así, vestida de blanco tul,

y al alma mía que te buscaba,

Ana, ¿qué miras? —le preguntaba,

como en el cuento de Barba azul.

Ha mucho tiempo que presentía

tus ojos negros como los vi,

y que, en mis horas de nostalgia,

la hermana Ana me respondía:

«Hay una virgen que viene a ti.»

Y al vislumbrarme febril, despierto,

tras de la ojiva del torreón,

después de haberse movido incierto,

como campana que toca a muerto

tocaba a gloria mi corazón.

Por fin, distinta me pareciste;

vibraron dianas en rededor,

huyó callada la Musa triste

y tú llegaste, viste y venciste

como el magnífico Emperador.

Hoy, mi esperanza que hacia ti corre;

que mira el cielo donde tú estés,

porque la gloria se le descorre,

ya no pregunta desde la torre:

Hermana Ana, dime: ¿qué ves?

Hoy en mi noche tu luz impera,

veo tu rostro resplandecer,

y en mis ensueños sólo quisiera

enarbolarte como bandera,

y, a ti abrazado, por ti vencer.