Sor Juana Inés de la Cruz

Desde la América enciendo

Romances

A doña María de Guadalupe Alencastre.

(FRAGMENTOS)

 

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Desde la América enciendo

Aromas á vuestra imágen,

 

Desinteresada os busco,

Que el afecto que os oplaude,

Es aplauso á lo entendido

Y no lisonja á lo grande;

 

Porque ¿para qué, señora,

En distancia tan notable

Habrán vuestras altiveces

Menester mis humildades?

 

Y no he menester de vos

Que vuestro favor me alcance

Favores en el consejo,

Amparo en los tribunales;

 

Ni que acomodeis mis deudos,

Ni que ampareis mi linage,

Ni que mi alimento sean

Vuestras liberalidades:

 

Que yo, señora, nací

En la América abundante,

Compatrïota del oro,

Paisana de otros metales;

 

A donde el comun sustento

Se da casi tan de balde,

Que en ninguna parte mas

Se ostenta la tierra madre.

 

De la comun maldicion

Libres parece que nacen

Sus hijos, segun el pan

No cuesta sudor y afanes.

 

Europa mejor lo diga,

Pues há tanto que insaciable

De sus abundantes venas

Desangra los minerales.

 

Y cuantos el dulce lotos

De sus riquezas les hace

Olvidar los propios nidos,

Despreciar los patrios lares;

 

Pues entre cuantos la han visto

Se vé con claras señales

Voluntad en los que quedan

Y violencia en los que parten.

 

Demas de que en el estado

Que Dios fué servido darme,

Las riquezas solamente

Sirven para despreciarse:

 

Que para volar segura

De la religion la nave,

Ha de ser la carga poca

Y muy crecido el velamen;

 

Porque si algun contrapeso

Pide para asegurarse,

De humildad, no de riqueza,

Ha menester hacer lastre.

 

Pues ¿de qué cargar sirviera

De riquezas temporales,

Si en llegando la tormenta

Era preciso alijarse?

 

Con que por cualquiera de estas

Razones, pues es bastante

Cualquiera, estoy de pediros

Inhibida por dos partes.